Los mejores jardines del mundo han incluido el agua como elemento. Desde los legendarios Jardines Colgantes de Babilonia hasta el Taj Mahal, pasando por Versalles, La Granja, etc. En países como España, Colombia, Persia y México las viviendas se construían alrededor de un estanque o fuente. El agua tiene un poder mágico en cualquier jardín. Su superficie está en constante cambio desde esas pequeñas ondas y “rizos” que produce el viento, hasta esa inmovilidad que la convierte en un espejo en el que se reflejan las plantas, el cielo, el sol, la luna... El movimiento de las plantas que crecen a la orilla del agua y se balancean, algún pez que aparece y vuelve a desaparecer, las ranas, las libélulas... Además de sus cambios de aspecto, el agua en el jardín también produce sonidos. No solamente los que puedan ser producidos por el agua misma, como las cascadas o surtidores, sino sobre todo los de los pájaros y otros animales atraídos al lugar por su presencia. Cerca del agua pueden crecer plantas de fascinante belleza que sólo pueden vivir en su proximidad. Ningún elemento del jardín puede competir con el agua en variedad de efectos.
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